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jueves, 17 de diciembre de 2009

LA CELEBRACION

LA CELEBRACION
(Festen)

Dinamarca, 1998

Dirigida por Thomas Vinterberg, con Henning Moritzen, Ulrich Thomsen, Paprika Steen, Trine Dyrholm, Birthe Neumann.


El famoso Dogma 95, impulsado por el realizador danés Lars Von Trier, se asume alegremente como eso: un voto de castidad, una profesión de fe despojada de fundamentos (más allá de un par de invocaciones "antiburguesas" confusas y grandilocuentes, que utiliza como introducción). Concretamente consta de un decálogo en el que ciertas alternativas formales más o menos interesantes (y adecuadas según el caso, como filmar cámara en mano, prescindir de la música "de fondo" y usar luces naturales) se conjugan con prescripciones abstractas (como "el film no debe contener acciones superficiales") y mandamientos francamente delirantes (como el que en nombre del cine como producto colectivo prohíbe la mención del director en los créditos).

Hay dos cosas curiosas en torno de este dogma. Una es que su mentor saltó a la fama mundial con Europa (1991), un film hiperproducido, plagado de artificios y trucos publicitarios que parecen burlarse de los mentados mandamientos (que son diez, ni más ni menos). Pues bien: Von Trier nunca renegó de Europa. Ni siquiera se autocriticó. Y su obra ulterior, Contra viento y marea, es una esperpéntica combinación de los presuntos vicios "burgueses" (estilizados planos generales, música incidental, cámaras sobre el trípode) con algunos de los mandatos en ciernes (cámaras en mano) y una crueldad morbosa, subrayada como pocas veces. La otra curiosidad es que Thomas Vinterberg, también danés, devoto de Von Trier y suscriptor del Dogma, haya concretado una película estupenda sin sacar, o casi, los pies del plato.

La celebración gira en torno del sexagésimo cumpleaños de Helge (Henning Moritzen, insuperable), festejado junto a una veintena de familiares en una opulenta mansión campestre. La que se ha dado cita para cenar es una tragicómica galería humana. Está el anciano arterioesclerótico, condenado a repetir el mismo chiste cada tantos minutos. Los tíos y los primos racistas. La esposa acartonada. Y los hijos de Helge: Michael es torpe, bruto, un manojo de nervios. Helene es algo así como la joven rebelde del clan. No es tan joven, ni rebelde acaso, pero sale con un negro y supo simpatizar con los trotskistas... o socialdemócratas (qué más da: en una familia como esta es natural que su señora madre no perciba la diferencia). Linda no está, ya que se suicidó hace poco. Pero es como si estuviera ya que su hermano mayor, Christian, se ocupará de revivirla en el momento menos esperado, y deseado, por la concurrencia. Esto es: con un discurso que arranca formal, como los otros, religiosamente presidido por un golpeteo de la cucharita contra las copas de cristal... y culmina destrozando la engañosa calma entretejida por los presentes. Lo que dice Christian es que él y Linda, de niños, fueron violados reiteradas veces por el homenajeado.

Al principio el Dogma pesa sobre La celebración. La llegada de los invitados, las conversaciones relativamente rutinarias, previsibles, que introducen a la servidumbre y a los aristócratas. Las cámaras desprolijas, hiperkinéticas, y la iluminación deliberadamente menesterosa aparecen allí como un mecanismo ajeno –por anticipado– al devenir dramático. Pero Christian habla más temprano que tarde, y la bomba que deja caer resignifica las formas de la película. Que en adelante avanzará briosa, vigorosamente encabalgada, no en los preceptos del Dogma, sino en la férrea lógica que edificó para sí. La premisa es fuerte, porque instala una pregunta que quedará flotando: ¿dice la verdad Christian? Es que el joven –bastante solemne por lo demás– pasó una temporada en el manicomio y dará no pocas muestras de desequilibrio (varias de ellas acompasadas por sutiles toques humorísticos). Y el cumpleañero llegó a los 60 tan ominoso como aplomado, con lo que se complica decidirse por o tal o cual. Si algo faltaba, la versión oficial de la muerte de Linda es velozmente puesta en duda, incrementando la tensión.

Los cabos se irán atando, claro está, pero sin prisas ni pausas. La celebración es a un tiempo densa, ágil y atrapante. Duplica las escenas exquisitamente. Una y otra vez, los comensales vuelven a la mesa a reiterar mecánicamente sus rituales (brindis y discursos, incluidos los de un maestro de ceremonias impecable y torturante... llamativamente parecido al capitán Astiz). Pero en cada nueva etapa de la cena, signada por la llegada de un plato siempre más suculento que el anterior, la ceremonia parece dar otro paso trágico. La violencia explícita no es mucha; la contenida no podría ser mayor. La sensación de que todo está por estallar, por caso, es más frecuente –y mil veces más genuina– que en The Matrix. El otrora apacible conglomerado de burgueses será progresivamente redibujado –de la solemnidad a la abyección– en la medida en que ciertos vicios, y más que vicios, salgan a la luz. La unidad de lugar y la concentración del tiempo sugerirán, al fin, a un puñado de almas presas en su claustrofobia. No pueden seguir cómo están, en el lugar que están... ¡pero han estado allí durante tanto tiempo! El espanto será el hilo de otra progresión cabal: antes los amalgamaba en innumerables pactos de silencio. Ahora, ya sobre la mesa (literalmente incluso), empieza a dividir las aguas. Y sólo algunos se correrán de lugar. La celebración vuelve sobre el punto muerto de cierta burguesía a la deriva –anacrónica, demacrada, cadavérica, y sin embargo en pie– que ya fuera examinada por el gran Luis Buñuel (El ángel exterminador, 1962). De otro modo (por fortuna) habla de los mismos rasgos, ataca por los mismos frentes. El tono es igualmente inquietante, original, seductor.

domingo, 13 de diciembre de 2009

CINE, CORTOS, DOCUMENTALES




PERSONA, DE INGMAR BERGMAN (1966)








YOUNG AT HEART (CORAZONES REBELDES, DOCUMENTAL)
DE STEPHEN WALKER




CORTOMETRAJE DE ADAN JODOROWSKY




 SPIDER, DAVIS CRONENBERG (2002)






REPULSION (1965) ROMAN POLANSKI   




METROPOLIS, FRITZ LANG, 1927 






MA MÉRE (MI MADRE ) CHRISTOPHE HONORE 

           



MAMMA ROMA, PIER PAOLO PASOLINI (1962) 









PARIS TEXAS, WIN WENDERS (1984)






EL TAMBOR DE HOJALATA, GUNTER GRASS (1979)





LA PROFESORA DE PIANO. MICHAEL HANEKE (2001) 





GRACIAS POR EL CHOCOLATE. CLAUDE CHABROL (2001)  

CRITICA A LA PROFESORA DE PIANO DESDE WEB "LA BUTACA"

CRÍTICA

Rubén Corral

La doble realidad de Erika

Tenía que llegar de Austria una película tan desinhibidamente freudiana como "La pianista" (La pianiste, Michael Haneke, 2001). No en vano, y pese a que los azares de la producción hayan provocado que sus personajes escupan francés por sus bocas cuando la acción transcurre en Viena, la autora de la novela en que se basa este melodrama excesivo, la escritora Elfriede Jelinek, se cerró en banda ante la posibilidad de que su texto fuera llevado a la pantalla por un director cualquiera. Y no es uno más del montón Michael Haneke, austriaco genial que, en doce años de carrera (en el cine, ya que en televisión trabaja desde 1967), ha logrado remover conciencias, estómagos y cerebros a partes iguales. Basta recordar la memorable exhibición de la también estrenada este año "Código desconocido" (Code inconnu, Michael Haneke, 2000) para refrendar que, con Haneke, nos encontramos ante un cineasta en el sentido lógico, mínimo y completo del término, es decir, tan estimulante en las historias que cuenta como en su realización, preocupado por que el estilo se amolde a un tempo y estructuras narrativas muy personales.

Abandonando, hasta cierto punto, el formalismo de su anterior película, Haneke retoma su particular pugna contra la hipocresía de la clase acomodada occidental y, lejos de propósitos aleccionadores o moralistas, con "La pianista" opta por mostrar sin crueldad una historia de amor violenta, dura y sin concesiones para un espectador exigente y a la altura de su propuesta. ¿Resulta, por ello, su película excluyente? Sin duda, no es un film recomendado sólo a mayores de dieciocho años. El espectador debe prestarse a un juego claustrofóbico en el que debe sentirse dispuesto a comprender a los personajes más que a conocerlos, a mirar de frente a una trama difícil de juzgar. En suma, lo que "La pianista" está pidiendo es una implicación intelectiva y emocional con sus imágenes.

Erika (Isabelle Huppert) es una profesora de piano cuarentona que vive con su madre (Annie Girardot), una señora cuyas únicas motivaciones para seguir viviendo son el hipotético futuro que ella ha construido para su hija como gran concertista de piano, y la bebida en la que disuelve sus abundantes ratos de soledad contra un televisor. De esa convivencia se deriva que la relación madre-hija apenas pasa de ser una aberrante continuación de la que pudiera existir entre una madre y una adolescente. Erika oculta a su madre, que se obstina en tenerla permanentemente controlada, sus oscuras relaciones con el sexo: sus visitas a cabinas de sex-shops, sus experiencias voyeurísticas o sus preferencias masoquistas (a las que sirve perfectamente una madre con la que comparte cama y a la que no duelen prendas en abofetearla).

La irrupción en su vida de Walter (Benoît Magimel) un joven pianista autodidacta que proclama su admiración por la pianista y, más tarde, su amor por ella, desbarata los pilares en que se fundamentaba su vida. Para una mujer a la que nunca ha amado un hombre (ella se ha encargado de asegurarse, algo de lo que se vanagloria al afirmar que nunca sus sentimientos –que se jacta de no tener- podrán vencer su inteligencia) la llegada de un talentoso joven, deportista y con éxito entre las mujeres, dispuesto a amarla, supone una oportunidad que Erika se encargará de estropear para, de esta moda, descubrir lo que significa para ella el amor. A este fin sirve la penúltima (soberbia) secuencia, un largo plano en el que la protagonista espera a que llegue Walter al concierto en el que ella va a tomar parte antes de acometer una acción definitiva, coherente con unas ideas propias que han sido derrotadas por los sentimientos.

"La pianista" es la historia de una capitulación, la de la preeminencia del sexo sobre el amor, pese a la carga de la impropia manera de llegar a esta conclusión. El doloroso descubrimiento de una parte anestesiada de la personalidad de Erika se opera con sigilo a lo largo de la segunda mitad del metraje, aunque Haneke es muy hábil a la hora de revestirlo de cotidianeidad, de normalidad, a la hora de desviar el enfoque hacia la reacción de desengaño de Walter -que es la del espectador- ante la doble realidad de Erika. No obstante, el choque que vivimos en primera persona junto a Walter también lo sufre ella. Ambos son incapaces de entregarse a su amor de la forma en que desea cada uno. Pese a la insólita manera en que se desencadenan los sucesos –en principio exclusivamente sexuales-, Haneke consigue que el espectador sienta en todo momento los instantes que acercan a los amantes por medio de un manejo excepcional del tiempo, ya sea con largos planos-secuencia (que además evidencian el lucimiento de la mejor actriz que podemos encontrarnos ahora mismo en una pantalla de cine) o con el alargamiento de secuencias de vital importancia por medio del uso de los espacios (el primer encuentro de los amantes).

En suma, "La pianista" es una experiencia límite dentro del terreno del melodrama, una nueva y violenta inquisición en la fachada de civilización de la Europa de inicios de siglo a cargo de Michael Haneke, un experto en mostrar al espectador aquello que sabe que existe pero que ni suele ni gusta de ver.

Imágenes de La pianista - Copyright © 2001 Les Films Alain Sarde, MK2 Productions, Wega Film y Arte France Cinéma. Todos los derechos reservados.

sábado, 12 de diciembre de 2009

LA PROFESORA DE PIANO



Dirección: Michael Haneke.
Países: Austria, Francia.
Año: 2001.
Duración: 130 min.
Interpretación: Isabelle Huppert (Erika Kohut), Benoît Magimel (Walter Klemmer), Annie Girardot (la madre), Anna Sigalevitch (Anna Schober), Susanne Lothar (sra. Schober), Udo Samel (Dr. Blonskij), Cornelia Köndgen (Mme Blonskij).
Guión: Michael Haneke; basado en la novela de Elfriede Jelinek.
Producción: Veit Heiduschka.
Música: Pacal Chauvin.
Fotografía: Christian Berger.
Montaje: Nadine Muse y Monika Willi.
Diseño de producción: Christoph Kanter.
Vestuario: Annette Beaufays.
Decorados: Hans Wagner.

Erika (Isabelle Huppert) es una profesora de piano cuarentona que vive con su madre (Annie Girardot), una señora cuyas únicas motivaciones para seguir viviendo son el hipotético futuro que ella ha construido para su hija como gran concertista de piano, y la bebida en la que disuelve sus abundantes ratos de soledad contra un televisor. De esa convivencia se deriva que la relación madre-hija apenas pasa de ser una aberrante continuación de la que pudiera existir entre una madre y una adolescente. Erika oculta a su madre, que se obstina en tenerla permanentemente controlada, sus oscuras relaciones con el sexo: sus visitas a cabinas de sex-shops, sus experiencias voyeurísticas o sus preferencias masoquistas (a las que sirve perfectamente una madre con la que comparte cama y a la que no duelen prendas en abofetearla).

La irrupción en su vida de Walter (Benoît Magimel) un joven pianista autodidacta que proclama su admiración por la pianista y, más tarde, su amor por ella, desbarata los pilares en que se fundamentaba su vida. Para una mujer a la que nunca ha amado un hombre (ella se ha encargado de asegurarse, algo de lo que se vanagloria al afirmar que nunca sus sentimientos –que se jacta de no tener- podrán vencer su inteligencia) la llegada de un talentoso joven, deportista y con éxito entre las mujeres, dispuesto a amarla, supone una oportunidad que Erika se encargará de estropear para, de esta moda, descubrir lo que significa para ella el amor. A este fin sirve la penúltima (soberbia) secuencia, un largo plano en el que la protagonista espera a que llegue Walter al concierto en el que ella va a tomar parte antes de acometer una acción definitiva, coherente con unas ideas propias que han sido derrotadas por los sentimientos.

"La pianista" es la historia de una capitulación, la de la preeminencia del sexo sobre el amor, pese a la carga de la impropia manera de llegar a esta conclusión. El doloroso descubrimiento de una parte anestesiada de la personalidad de Erika se opera con sigilo a lo largo de la segunda mitad del metraje, aunque Haneke es muy hábil a la hora de revestirlo de cotidianeidad, de normalidad, a la hora de desviar el enfoque hacia la reacción de desengaño de Walter -que es la del espectador- ante la doble realidad de Erika. No obstante, el choque que vivimos en primera persona junto a Walter también lo sufre ella. Ambos son incapaces de entregarse a su amor de la forma en que desea cada uno. Pese a la insólita manera en que se desencadenan los sucesos –en principio exclusivamente sexuales-, Haneke consigue que el espectador sienta en todo momento los instantes que acercan a los amantes por medio de un manejo excepcional del tiempo, ya sea con largos planos-secuencia (que además evidencian el lucimiento de la mejor actriz que podemos encontrarnos ahora mismo en una pantalla de cine) o con el alargamiento de secuencias de vital importancia por medio del uso de los espacios (el primer encuentro de los amantes).

En suma, "La pianista" es una experiencia límite dentro del terreno del melodrama, una nueva y violenta inquisición en la fachada de civilización de la Europa de inicios de siglo a cargo de Michael Haneke, un experto en mostrar al espectador aquello que sabe que existe pero que ni suele ni gusta de ver.







jueves, 3 de diciembre de 2009

MULHOLLAND DRIVE de David Lynch


Dirección y guión: David Lynch. Países: USA,Francia. Año: 2001.
Duración: 145 min.
Interpretación: Naomi Watts (Betty Elms / Diane Selwyn), Laura Elena Harring (Rita / Camilla Rhodes), Justin Theoux (Adam Kesher), Ann Miller (Coco Lenoix), Robert Forster (Detective Harry McKnight), Brent Briscoe (Detective Neal Domgaard), Jeannie Bates (Irene).

Producción: Mary Sweeney, Alain Sarde, Neal Edelstein, Michael Polaire y Toni Krantz.

Música: Angelo Badalamenti.

Fotografía:
Peter Deming.

Montaje: Mary Sweeney.

Dirección artística:
Peter Jamison.

Vestuario: Ami Stofsky.

Decorados: Jack Fisk.


Después de un accidente de coche en la carretera Mulholland Drive de Los Ángeles, una mujer medio inconsciente se oculta en una casa. Betty, la sobrina de la propietaria, una aspirante a actriz recién llegada a Hollywood, la encontrará totalmente amnésica y decide ayudarla. En el bolso de la desconocida encuentran una llave azul y varios fajos de billetes. El recuerdo de un nombre, Diane Selwyn, las ayudará en el intento de averiguar la identidad de la misteriosa mujer.
David Lynch ha definido esta película como una historia "extremadamente lineal" que se divide en tres bloques:


" 1º- Se encontró dentro de un misterio perfecto.
2º- Una triste ilusión.
3º- Amor.".

El film supuso un empujón definitivo a la carrera de la actriz Naomi Watts, convertida en una de las estrellas más cotizadas del actual Hollywood a raíz de su doble papel en Mulholland Drive.



(Fuente: wikipedia)

MAS INFORMACION DE CRITICAS EN: LA BUTACA.NET

 ALGUNOS TIPS PARA COMPRENDER LA PELICULA ENTREGADOS POR LYNCH

Una de las principales interpretaciones que se le ha dado a la película es que todo ha sido un sueño, provocado por el temor de la protagonista a la pérdida de su gran amor, Camilla Rhodes (Laura Elena Harring), en manos del asesino que ella misma contrató. Los personajes en su sueño tienen unos papeles y una suerte influidos claramente por sus deseos y muy diferentes a los reales que trágicamente se van descubriendo. Después de despertar y recibir a su vecina, Diane recuerda los momentos duros cuando Camilla anuncia su boda con el director de cine Adam Kesher, continúa el flashback hasta el momento en que contrata al asesino. Vuelta al presente, Diane es invadida por sus miedos (representados por el vagabundo detrás del restaurante) y su conciencia (representada por la pareja de ancianos, probablemente sus padres) que la atormenta hasta que termina suicidándose, temor que se veía reflejado en su sueño. La llave azul, prueba de que el asesino ha llevado a cabo su trabajo, también simboliza el instrumento que abre la conciencia de Diane, representada como una caja del mismo color. El club Silencio sería una metáfora del engaño de la representación que se está viviendo. Betty es el nombre de la camarera del restaurante donde Diane contrata al asesino. En el sueño, el nombre de la camarera es Diane.

Sin embargo, el director ha sido enfático al decir que cada interpretación es valida y aceptable, pues la película deja entrever que son muchísimas las perpectivas posibles y que de ella se desprenden muchas interpretaciones. David Lynch llegó a dar 10 pistas para conseguir resolver el misterio:

    * Pongan particular cuidado al inicio de la película, por lo menos 2 pistas son reveladas antes de los créditos.
    * Consideren lo que sucede en las tomas de la lámpara roja.
    * ¿Pueden recordar el título de la película para la que Adam Kesher está audicionando actrices? ¿Se menciona de nuevo?
    * Un accidente es un evento terrible... consideren el lugar donde ocurrió el siniestro.
    * ¿Quién entrega una llave? ¿Por qué?
    * Presten atención a los siguientes objetos: un cenicero, una taza de café y una alfombra.
    * ¿Qué sucede dentro del club "El Silencio"?
    * ¿El talento fue lo único que ayudó a Camilla?
    * Noten qué sucede con el hombre que está detrás de "Winkies"
    * ¿Dónde está la tía Ruth?